Irene Zoe Alameda

Artículos

  • Lunes, 10 Octubre, 2016

    Portada de la revista El Viejo Topo para el número de junio de 1979

     

    IRENE ZOE ALAMEDA

    10 octubre 2016

     

    Desde que Shakespeare utilizara la figura en Hamlet hasta Rosa Luxemburgo, pasando por Hegel y Marx, el “viejo topo” es la metáfora de esas fuerzas subterráneas que alientan el progreso de forma lenta pero imparable; la encarnación de ese humanismo transformador que, de forma inesperada, emerge haciendo patentes los cambios definitivos en la superficie de la historia. Hace ahora cuarenta años veía la luz el primer número de El Viejo Topo : tres jóvenes “insensatos” (en palabras del cofundador, Miguel Riera) lograron obtener el permiso del Ministerio para publicar una revista político-cultural innovadora y underground, un trabajo colectivo que ha sabido promover el debate a lo largo de cuatro décadas de lucha, transformación, conformismo y esperanza.

    ¿Cuándo decidiste ponerte al frente de El Viejo Topo?

    Al principio, en su fundación, fuimos tres repartiéndonos la responsabilidad. Josep Sarret, Claudi Montañá y yo mismo iniciamos el camino. Lo reanudé formalmente yo solo en 1993. Y digo formalmente porque en realidad el Topo es fruto de las decenas y decenas de colaboradores que han aportado generosamente su trabajo. Es un proyecto colectivo, aunque mi nombre lo encabece.

     

    En el posfranquismo las fuerzas de izquierda eran múltiples. Nosotros pretendimos crear una plataforma que pudiera ser semilla de la unidad de acción

     

    Háblanos del criterio que rige los numerosos sellos que diriges o editas ( El Viejo Topo, Montesinos, Piel de Zapa y Biblioteca Buridán)

    El Viejo Topo es obviamente un sello que prioriza lo político, entendiendo esta palabra en su sentido profundo y no como politiquería. Nos interesa la reflexión más que la descripción de acontecimientos. Una reflexión que puede abarcar al conjunto de las Ciencias Sociales.

    Montesinos fue un sello creado cuando abandoné el Topo, en el año 80. Ahí hay de todo: novela clásica y contemporánea, libro de divulgación universitaria, ensayo… con los años se ha convertido inadvertidamente en un sello de amplio espectro. Esa heterogeneidad, que a mí acabó por producirme cierta insatisfacción,  es la causa de la creación de Piel de Zapa, donde hay solo literatura, y de alta calidad desde el punto de vista de la creación literaria.

    Biblioteca Buridán pretende estar en la órbita de lo que John Brokman bautizó como Tercera Cultura, en la estela de la tercera cultura que reclamó C. P. Snow. Se trata de vincular la cultura humanística con la científica. La creación del sello fue una propuesta de Josep Sarret.

     

    El Viejo Topo prioriza lo político, entendiendo esta palabra en su sentido profundo y no como politiquería. Nos interesa la reflexión más que la descripción de acontecimientos

     

    ¿Son El Viejo Topo y Quimera –la revista literaria que editas– complementarias?

    Dirigí Quimera durante sus primeros 18 años, y estoy particularmente orgulloso de esa etapa. Creo que gracias a colaboradores de un nivel extraordinario pudimos hacer una revista de gran calidad. ¿Revistas complementarias? Todo lo que circula en el ámbito cultural es complementario, nos complementamos unos a otros, incluido Culturamas; en ese sentido sí lo son.

     

    ¿Cómo se articula el vínculo entre cultura y política que propugna El Viejo Topo?

    La derrota política que vivimos desde hace tiempo fue primero una derrota cultural. Entiendo aquí por cultura no solo el nivel de conocimientos, sino también la forma de entender la vida, los comportamientos en la sociedad, la forma de organizarse, los valores dominantes, la capacidad de articular pensamiento crítico, pensamiento propio. El Viejo Topo intenta estimular ese tipo de pensamiento, dar herramientas para pensar. A quien desarrolla un pensamiento crítico es más difícil que la política –mejor llamarla politiquería– le engañe.

     

    ¿Puedes hablarnos sobre cómo ha cambiado el perfil de los universitarios españoles en las últimas décadas? ¿Cómo lo ha reflejado vuestra revista?

    Desgraciadamente el nivel, salvo las consabidas excepciones, ha descendido considerablemente. Creo que la frase “tenemos la generación mejor preparada de la historia” es puro camelo. Naturalmente, la culpa no es de los propios universitarios, que bastante hacen con sobrevivir a la miseria intelectual que campa a sus anchas en todo el país sin ejemplos que los motiven. Es todo el sistema lo que es perverso, desde la televisión al mundo educativo. Con las consabidas excepciones, claro. En cualquier caso, es evidente que los intereses culturales, políticos, incluso artísticos de las generaciones más jóvenes están con frecuencia alejados de los de anteriores generaciones. No sé si la revista ha sido capaz de reflejar esto.

     

    Háblanos de la evolución de las líneas editoriales de la revista a lo largo de estas cuatro décadas.

    Cuando diseñamos el proyecto Franco aún vivía, pero no pudimos estar en quioscos hasta después de su muerte. En el posfranquismo había que combatir para alcanzar la democracia, y las fuerzas de izquierda, que eran múltiples, se tiraban los trastos entre sí, perdiendo tiempo y energías en ello. Nosotros pretendimos crear una plataforma en la que todos pudieran confluir y debatir, que pudiera ser semilla de la unidad de acción.

    Después las cosas cambiaron; estábamos en democracia, una democracia imperfecta que funcionaba a trompicones, con asuntos tan feos como la demolición por intereses políticos de empresas estratégicas, navieras, metalúrgicas, etc. , o el ingreso en la OTAN. Pero se tornó irrespirable con los GAL y la corrupción. La revista tomó entonces un rumbo más crítico con el sistema. Y así hasta ahora, sin compromisos.

     

    A quien desarrolla un pensamiento crítico es más difícil que la política –mejor llamarla politiquería– le engañe.

     

    ¿Cuál ha sido la evolución del activismo en los últimos años? ¿Cómo se puede incitar a la participación en un momento de desapego político como el actual?

    Hasta los ochenta el activismo político, cultural, sindical, etc. creció y actuó con mucha intensidad. Pero los partidos mayoritarios de la izquierda desactivaron las organizaciones desde el inicio de la transición. Las asociaciones más activas fueron perdiendo a sus mejores elementos. En el campo cultural se promovió el espejismo, como con la famosa movida madrileña, imitada en otras partes. La consecuencia ha sido una travesía del desierto que parecía eterna hasta que irrumpió un manantial que sorprendió a propios y extraños: el 15 M. A partir de ese momento todo cambió,  afortunadamente. El activismo –que nunca se había ido del todo, eso es verdad– regresó con fuerza.

     

    La lectura y la reflexión son ejercicios solitarios, sin embargo las redes sociales llaman a la distracción y la extroversión. ¿Hay algún modo de enganchar en la lectura a los jóvenes a través de las nuevas tecnologías? ¿Qué estáis haciendo a ese respecto?

    Según las últimas encuestas casi el 40 por ciento de los españoles confiesan leer poco o nada, ni siquiera en pantalla. Buena parte de los jóvenes están enganchados y leen en las redes, algo es algo. Pero la red se caracteriza por la brevedad, el impacto, y muchas veces por la superficialidad. No creo que las nuevas tecnologías vayan a impulsar la lectura profunda, de nuevo con las consabidas excepciones.

    A pesar de ello el Topo publica artículos en la red (Topo Express), y muchos de sus libros pueden leerse en forma digital. Los artículos son ampliamente leídos, pero las cifras de venta de los libros electrónicos son irrisorias.

     

    Caos y parálisis, ¿quién dice esas tonterías? Quien lo dice rehúye el debate porque teme perderlo.

    La discusión colectiva, que alentáis desde portales como La Comuna, es un modo de ejercer la democracia al más puro estilo socrático. Sin embargo, el mensaje que nos llega por doquier es que eso conduce al caos y a la parálisis política…

    Caos y parálisis, ¿quién dice esas tonterías? Quien lo dice rehúye el debate porque teme perderlo.

     

    Tras cuarenta años de activismo, seguramente podréis contestar a esta pregunta: ¿Hay espacio para el optimismo? ¿Avanzamos más de lo que retrocedemos?

    Por supuesto que hay espacio. Cuando empezamos el Topo a los homosexuales los metían en la cárcel. Las mujeres eran propiedad de sus novios, maridos o amantes. Del aborto ni hablemos. No existía la menor preocupación por los problemas ambientales. Los derechos humanos eran frases en un trozo de papel escritas dos siglos antes, pero no existían en la práctica…. Queda mucho por recorrer, pero hemos avanzado. Y seguiremos haciéndolo.

    Publicado en:

    Culturamas

  • Lunes, 22 Febrero, 2016

    Brooklyn, una de las ocho candidatas al Oscar a la mejor película en este 2016, es una discreta lección de cine. Virtuosa adaptación de la novela de Colm Tóibín, el director, John Crowley, y la actriz, Saoirse Ronan, logran situar al espectador en el punto de vista, las dudas y las expectativas de la protagonista. No estamos acostumbrados a visualizar guiones que nos impelen a comentarlos, a completarlos a través de un diálogo inteligente e íntimo.

     

    Es esta una historia extraordinariamente simple en la superficie y compleja en lo personal: una joven irlandesa logra el apoyo de la Iglesia irlandesa en Nueva York para emigrar a los EE UU en los años cincuenta. La chica, una joven inteligente y sin oportunidades, deja atrás a su querida hermana mayor y a su madre, reciente viuda; su llegada al continente americano no será fácil, sumida en la nostalgia por su tierra natal.

     

    La cinta nos hace acompañar a Eilis Lacey en su progresivo acomodo a su nueva vida en Brooklyn, en la que las oportunidades y la ilusión comienzan a iluminar una trayectoria atractiva y propia. Una tragedia familiar la obligará a regresar temporalmente a Irlanda y, una vez allí, los tentáculos de la familia y la sociedad comenzarán a cernirse sobre ella de forma encantadora y asfixiante a la vez. Su ansiada vuelta a casa no será como ella había proyectado, pues el recuerdo de lo conquistado en América pesará como una opción por la que también desearía decantarse.

     

    La diatriba a la que se enfrenta la protagonista no es en absoluto fácil; la película demuestra que el acto de elegir siempre es una tesitura traumática y nada transparente. Elegir supone desperdiciar una inversión sentimental y temporal a favor de una esperanza, y esa esperanza necesariamente exige confiar en alguien. Elegir es saltar al vacío y arriesgarse a fracasar.

     

    Es raro encontrar guiones tan crudos y a la vez tan humildes. También lo es encontrar a directores capaces de obligar a nuestra percepción a evolucionar conjuntamente con la de los protagonistas. En este sentido, el trabajo de John Crowley y Nick Hornby (guionista adaptador) es simplemente sublime.

     

    Este filme resultará tan luminoso para unos como irritante para otros. Fascinará a quienes se han enfrentado a algún viaje –físico y emocional- y han regresado a su lugar de origen para encontrarse con que ya son alguien distinto, y con la certeza de que hay tantos posibles hogares como espacios en los que reconstruirse la propia identidad. Por otra parte, repugnará a quienes hayan tomado la decisión, aséptica y consciente, de reprimir la tentación de huir de los condicionantes heredados y de soñar con otras vidas posibles. Para éstos últimos, la heroína Eilis será un personaje egoísta y manipulador en vez de tierno y ambicioso. Ambos puntos de vista están presentes en la película, aunque sospecho que el corazón de las productoras, Dwyer y Posey, está en sintonía con la primera interpretación.

     

    “Te sorprenderás pensando en algo o alguien que ya no tiene conexión con el pasado, que es solo tuyo. Y comprenderás que es ahí donde está tu vida”. En este credo, que resume la experiencia inmigratoria sobre la que se ha levantado el país de los Oscars, se condensa la peripecia de esta película.

     

    Brooklyn se estrenará en España el 26 de febrero, dos días antes de la ceremonia de entrega de los premios de la Academia del Cine estadounidense.

    BROOKLYN con Saoirse Ronan - Tráiler Oficial en español [HD]

    Publicado en:

    El Cotidiano

  • Lunes, 22 Febrero, 2016

     

     

     

    Brooklyn, una de las ocho candidatas al Oscar a la mejor película en este 2016, es una discreta lección de cine. Virtuosa adaptación de la novela de Colm Tóibín, el director, John Crowley, y la actriz, Saoirse Ronan, logran situar al espectador en el punto de vista, las dudas y las expectativas de la protagonista. No estamos acostumbrados a visualizar guiones que nos impelen a comentarlos, a completarlos a través de un diálogo inteligente e íntimo.

     

    Es esta una historia extraordinariamente simple en la superficie y compleja en lo personal: una joven irlandesa logra el apoyo de la Iglesia irlandesa en Nueva York para emigrar a los EE UU en los años cincuenta. La chica, una joven inteligente y sin oportunidades, deja atrás a su querida hermana mayor y a su madre, reciente viuda; su llegada al continente americano no será fácil, sumida en la nostalgia por su tierra natal.

     

    La cinta nos hace acompañar a Eilis Lacey en su progresivo acomodo a su nueva vida en Brooklyn, en la que las oportunidades y la ilusión comienzan a iluminar una trayectoria atractiva y propia. Una tragedia familiar la obligará a regresar temporalmente a Irlanda y, una vez allí, los tentáculos de la familia y la sociedad comenzarán a cernirse sobre ella de forma encantadora y asfixiante a la vez. Su ansiada vuelta a casa no será como ella había proyectado, pues el recuerdo de lo conquistado en América pesará como una opción por la que también desearía decantarse.

     

    La diatriba a la que se enfrenta la protagonista no es en absoluto fácil; la película demuestra que el acto de elegir siempre es una tesitura traumática y nada transparente. Elegir supone desperdiciar una inversión sentimental y temporal a favor de una esperanza, y esa esperanza necesariamente exige confiar en alguien. Elegir es saltar al vacío y arriesgarse a fracasar.

     

    Es raro encontrar guiones tan crudos y a la vez tan humildes. También lo es encontrar a directores capaces de obligar a nuestra percepción a evolucionar conjuntamente con la de los protagonistas. En este sentido, el trabajo de John Crowley y Nick Hornby (guionista adaptador) es simplemente sublime.

     

    Este filme resultará tan luminoso para unos como irritante para otros. Fascinará a quienes se han enfrentado a algún viaje –físico y emocional- y han regresado a su lugar de origen para encontrarse con que ya son alguien distinto, y con la certeza de que hay tantos posibles hogares como espacios en los que reconstruirse la propia identidad. Por otra parte, repugnará a quienes hayan tomado la decisión, aséptica y consciente, de reprimir la tentación de huir de los condicionantes heredados y de soñar con otras vidas posibles. Para éstos últimos, la heroína Eilis será un personaje egoísta y manipulador en vez de tierno y ambicioso. Ambos puntos de vista están presentes en la película, aunque sospecho que el corazón de las productoras, Dwyer y Posey, está en sintonía con la primera interpretación.

     

    “Te sorprenderás pensando en algo o alguien que ya no tiene conexión con el pasado, que es solo tuyo. Y comprenderás que es ahí donde está tu vida”. En este credo, que resume la experiencia inmigratoria sobre la que se ha levantado el país de los Oscars, se condensa la peripecia de esta película.

     

    Brooklyn se estrenará en España el 26 de febrero, dos días antes de la ceremonia de entrega de los premios de la Academia del Cine estadounidense.

     

    BROOKLYN con Saoirse Ronan - Tráiler Oficial en español [HD]

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    Culturamas

  • Domingo, 14 Febrero, 2016

    Claude Monet, Le Givre à Giverny, 1885 (detalle)

    No importa cuánto me aleje de su pueblo, todos los parajes me recuerdan a los campos por los que anduvimos juntos. Iluminados y cálidos; o ahora, semi ocultos en nieve. En todas partes lo presiento.

    No es probable que lo sepa. Pero el amor, que aprendí de él -una tierna solicitud de atención y cuidado- late hoy a través de mí.

    Es verdad que el amor nos sobrevive, no muere.

    Recuerdo haber leído sobre los restos en moldes de yeso de una pareja -un centurión y una esclava- abrazados bajo las cenizas de Pompeya. No los llegué a ver cuando acudí en su busca -sus cuerpos de aire debían estar en el taller de reparaciones en aquel verano de 2004- pero solo el hecho de saber de ellos -que habían existido, que un arqueólogo los había encontrado y sacado a la luz, que alguien había divulgado su hallazgo- me llenaba de una emoción difusa, gemela y plena.

    Me gusta estar contigo y, junto a ti, toco la inmensidad.”

    El amor deja trazos. Y esos trazos rememorados -escuchados, tocados, vistos- por otros, desconocidos, y en otro tiempo, es revivido idénticamente, con igual intensidad y anhelo.

    Involuntarios receptores de la vida. Firmes portadores del amor.

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    El Cotidiano

  • Jueves, 31 Diciembre, 2015


    Steve Jobs (2015), la última película de Danny Boyle con guión de Aaron Sorkin, es una nueva muestra del dominio narrativo de ambos y de la maestría interpretativa de Michael Fassbender en el papel del genio informático. Tras el exitoso precedente de La red social (2010), el productor Scott Rudin logró sacar adelante el guión de Sorkin pese a perder a David Fincher como primera opción para dirigir el filme -los correos filtrados de Sony pusieron de manifiesto el boicot que Angelina Jolie desplegó con el objeto de contar en exclusividad con su amigo Fincher para su largamente esperada Cleopatra-.

    La película de Boyle, Sorkin y Fassbender ha venido precedida por el insulso biopic sobre el mismo personaje protagonizado por Ashton Kutcher hace solo dos años. Aquella fallida obra de Michael Stern (con guión de Matt Whiteley) ha sido sin duda el gran enemigo para el reciente estreno de Steve Jobs: no importa cuán fascinante sea la figura del creador de Apple para sus coetáneos, los errores de la anterior película quedan aún demasiado cerca en el tiempo y en la retina de todos, por lo que la actual versión despierta seguramente algo de pereza en sus potenciales espectadores.

    Sin embargo, a pesar de estos malos precedentes, es imprescindible dejar claro que quien se anime a ir al cine para ver Steve Jobs encontrará una película fascinante, una historia en la que el guionista, el director y el actor principal logran aunar las facetas publica e íntima del héroe mediante una audaz estrategia que imita la estructura de Un cuento de Navidad de Charles Dickens.

    Transcurridos diez minutos de metraje, el espectador tiene ya la sensación de que lo que está viendo parecen más bien ser los recuerdos de la vida de alguien que está muerto. Ver Steve Jobs es tener la misteriosa certeza de asomarse a una reminiscencia de ultratumba, la de un hombre extraordinario que se deleita, antes de su extinción definitiva, en los tres momentos clave de su aprendizaje de la vida, en esos tres momentos iniciáticos que resumen su trayectoria y que le permitieron dominar el arte de la existencia: la exhibición del Macintosh Lisa en el año 1984 (Lisa es el nombre de su primera hija, si bien éste inventó ad hoc el acrónimo “Local Integrated System Architecture” para justificar el nombre); la del estilizado y (vacuo) ordenador Next cuatro años después, tras la despiadada expulsión de Jobs de Apple por parte del CEO nombrado por él mismo; y, como síntesis de los dos actos anteriores, la ya legendaria presentación en sociedad del IMac en 1998.

    El primer bloque de la película adelanta la dinámica que se reiterará sin monotonía en los tres actos: un Steve Jobs entre bastidores se enfrenta a los fantasmas del pasado en los minutos previos a la puesta de largo ante la prensa de Lisa, su primera obra magna. Ya aquí aparece al corifeo que le acompañará toda su vida, representado por los puntales que cuadriculan su andamiaje psicológico.

    El personaje más plano y más conocido para la audiencia es probablemente Steve Wozniak (interpretado por un comedido Seth Rogen), el cual encarna a quienes rodearon al genio observándole, admirándole, odiándole y aplaudiéndole sin terminar de comprenderlo, como quien ama y teme a un dios indescifrable. En segundo lugar, Kate Winslet da vida a Joanna Hoffman, la leal e inquebrantable asistente personal de Jobs y la testigo fraternal que cualquiera necesitaría a su lado para sobrellevar el infortunio. Esencial para comprender al protagonista es también John Sculley (Jeff Daniels), el CEO que representa la figura del padre subrogado que Jobs eligió para sí mismo (no es casual que la cinta recoja el momento en el que éste le revela la identidad de su padre biológico) y al que de algún modo llevó a traicionarle en su edípica necesidad de anhelar, odiar y matar al padre que en realidad nunca tuvo. Y, por último, Lisa Brennan, la hija de Jobs (interpretada por diferentes actrices en sus tres edades), que aparece como un aviso o un recuerdo persistente de la mortalidad, la finitud a la que ninguna innovación, por muy rompedora o visionaria que sea, podrá hacer frente; Lisa es más que el nombre de una gran computadora de Apple, es el precio sentimental que la dedicación de Jobs tuvo que pagar a costa de sí mismo, a costa de la carne de su carne, a costa de esa hija a la que tantos años le costó admitir primero, más tarde apreciar y, por último querer.

    En esta original estructura basada en una suerte de aproximaciones sucesivas de prueba y error, se asiste a la evolución de  Steve Jobs desde la identidad de un perfecto Mister Scrooge –orgulloso, ególatra, insensible y capaz de humillar el amor incondicional de su hijita de seis años-, hasta la de un hombre desapegado de los bienes terrenales y purificado de su obsesión por dejar un rastro indeleble en la Tierra.

    Es en el momento sublime en el que Jobs está a punto de tocar la gloria con su IMac cuando el hombre –no el creador- pone al mundo en suspenso y decide dedicar a su hija, por fin, unos minutos preciosos de entrega y amor en la azotea de la sede de Apple.

    Esos minutos sublimes dotan de sentido a la película y la vida de Steve Jobs, y saben a eternidad.

    STEVE JOBS - Tráiler Mundial 1 (Universal Pictures)

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    El Cotidiano

  • Jueves, 31 Diciembre, 2015

    Fotograma de la película Steve Jobs (2015)

    Steve Jobs (2015), la última película de Danny Boyle con guión de Aaron Sorkin, es una nueva muestra del dominio narrativo de ambos y de la maestría interpretativa de Michael Fassbender en el papel del genio informático. Tras el exitoso precedente de La red social (2010), el productor Scott Rudin logró sacar adelante el guión de Sorkin pese a perder a David Fincher como primera opción para dirigir el filme -los correos filtrados de Sony pusieron de manifiesto el boicot que Angelina Jolie desplegó con el objeto de contar en exclusividad con su amigo Fincher para su largamente esperada Cleopatra-.

    La película de Boyle, Sorkin y Fassbender ha venido precedida por el insulso biopic sobre el mismo personaje protagonizado por Ashton Kutcher hace solo dos años. Aquella fallida obra de Michael Stern (con guión de Matt Whiteley) ha sido sin duda el gran enemigo para el reciente estreno de Steve Jobs: no importa cuán fascinante sea la figura del creador de Apple para sus coetáneos, los errores de la anterior película quedan aún demasiado cerca en el tiempo y en la retina de todos, por lo que la actual versión despierta seguramente algo de pereza en sus potenciales espectadores.

    Sin embargo, a pesar de estos malos precedentes, es imprescindible dejar claro que quien se anime a ir al cine para ver Steve Jobs encontrará una película fascinante, una historia en la que el guionista, el director y el actor principal logran aunar las facetas publica e íntima del héroe mediante una audaz estrategia que imita la estructura de Un cuento de Navidad de Charles Dickens.

    Transcurridos diez minutos de metraje, el espectador tiene ya la sensación de que lo que está viendo parecen más bien ser los recuerdos de la vida de alguien que está muerto. Ver Steve Jobs es tener la misteriosa certeza de asomarse a una reminiscencia de ultratumba, la de un hombre extraordinario que se deleita, antes de su extinción definitiva, en los tres momentos clave de su aprendizaje de la vida, en esos tres momentos iniciáticos que resumen su trayectoria y que le permitieron dominar el arte de la existencia: la exhibición del Macintosh Lisa en el año 1984 (Lisa es el nombre de su primera hija, si bien éste inventó ad hoc el acrónimo “Local Integrated System Architecture” para justificar el nombre); la del estilizado y (vacuo) ordenador Next cuatro años después, tras la despiadada expulsión de Jobs de Apple por parte del CEO nombrado por él mismo; y, como síntesis de los dos actos anteriores, la ya legendaria presentación en sociedad del IMac en 1998.

    El primer bloque de la película adelanta la dinámica que se reiterará sin monotonía en los tres actos: un Steve Jobs entre bastidores se enfrenta a los fantasmas del pasado en los minutos previos a la puesta de largo ante la prensa de Lisa, su primera obra magna. Ya aquí aparece al corifeo que le acompañará toda su vida, representado por los puntales que cuadriculan su andamiaje psicológico.

    El personaje más plano y más conocido para la audiencia es probablemente Steve Wozniak (interpretado por un comedido Seth Rogen), el cual encarna a quienes rodearon al genio observándole, admirándole, odiándole y aplaudiéndole sin terminar de comprenderlo, como quien ama y teme a un dios indescifrable. En segundo lugar, Kate Winslet da vida a Joanna Hoffman, la leal e inquebrantable asistente personal de Jobs y la testigo fraternal que cualquiera necesitaría a su lado para sobrellevar el infortunio. Esencial para comprender al protagonista es también John Sculley (Jeff Daniels), el CEO que representa la figura del padre subrogado que Jobs eligió para sí mismo (no es casual que la cinta recoja el momento en el que éste le revela la identidad de su padre biológico) y al que de algún modo llevó a traicionarle en su edípica necesidad de anhelar, odiar y matar al padre que en realidad nunca tuvo. Y, por último, Lisa Brennan, la hija de Jobs (interpretada por diferentes actrices en sus tres edades), que aparece como un aviso o un recuerdo persistente de la mortalidad, la finitud a la que ninguna innovación, por muy rompedora o visionaria que sea, podrá hacer frente; Lisa es más que el nombre de una gran computadora de Apple, es el precio sentimental que la dedicación de Jobs tuvo que pagar a costa de sí mismo, a costa de la carne de su carne, a costa de esa hija a la que tantos años le costó admitir primero, más tarde apreciar y, por último querer.

    En esta original estructura basada en una suerte de aproximaciones sucesivas de prueba y error, se asiste a la evolución de  Steve Jobs desde la identidad de un perfecto Mister Scrooge –orgulloso, ególatra, insensible y capaz de humillar el amor incondicional de su hijita de seis años-, hasta la de un hombre desapegado de los bienes terrenales y purificado de su obsesión por dejar un rastro indeleble en la Tierra.

    Es en el momento sublime en el que Jobs está a punto de tocar la gloria con su IMac cuando el hombre –no el creador- pone al mundo en suspenso y decide dedicar a su hija, por fin, unos minutos preciosos de entrega y amor en la azotea de la sede de Apple.

    Esos minutos sublimes dotan de sentido a la película y la vida de Steve Jobs, y saben a eternidad.

     

    STEVE JOBS - Tráiler Mundial 1 (Universal Pictures)

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    Culturamas

  • Viernes, 31 Julio, 2015

    Cartel de la película El secreto de Adaline (Lakeshore Entertainment, Sidney Kimmel Entertainment, Sierra / Affinity)

    El secreto de Adaline, dirigido por Lee Toland Krieger, es un filme con aspiraciones de cine clásico, un drama romántico con una preciosa fotografía, una sugestiva banda sonora y una interpretación grácil por parte de su sólido reparto: Blake Lively, Michiel Huisman, Harrison Ford, Ellen Burstyn y Kathy Baker.

    Pese a que el planteamiento de la película, en torno a una mujer inmortal obligada a ocultar el secreto de su eterna juventud, se presta a interesantes derivas narrativas -el sentido de la vida, la importancia del conocimiento y la naturaleza de los afectos-, el guión no las explora en ningún caso, dejando patente...

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    El Cotidiano

  • Sábado, 11 Julio, 2015

    Crítica a la nueva producción de Steven Soderbergh, Magic Mike XXL, protagonizada por Channing Tatum y dirigida por Gregory Jacobs. La película, sobre el mundo del striptease masculino, cuenta con un reparto de lujo: Matt Bomer, Joe Manganiello, Adam Rodríguez, Jada Pinkett Smith, Amber Heard y Andie MacDowell. 

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    El Cotidiano

  • Lunes, 15 Junio, 2015

    http://nypost.com/2015/06/08/never-assume-game-of-thrones-wont-go-there/

    Al final del episodio nueve de la quinta temporada de Juego de Tronos, la incertidumbre acerca de qué me depararía el último capítulo me llevó a aplicar las herramientas de la Literatura comparada. Tal vez así sabría cuál iba a ser la única reacción posible a la acción atroz que acababa de presenciar. Stannis Baratheon, como Abraham en el Génesis y como Agamenón en la Orestíada, no había dudado en acatar la sugerencia divina de sacrificar a su hija.

     

    Sabemos que en la tradición judeocristiana Yahveh frenó a Abraham antes de que cortara el cuello de Isaac. El dios judeocristiano puso a prueba la fe de su fiel, pero evitó el infanticidio. La griega Artemisa, por su parte, aceptó la sangre de Ifigenia y retribuyó a Agamenón con unos vientos favorables para su regreso a Argos.

     

    A la vista de estos precedentes, si George R.R. Martin era un autor judeocristiano, la muerte de la princesa Shireen no quedaría impune, mucho menos premiada. El mal padre adoraba al dios equivocado y sería castigado por la lógica narrativa...

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    El Cotidiano

  • Lunes, 1 Junio, 2015

    http://fineartamerica.com/featured/used-books-david-carson-taylor.html

    Acaba de comenzar la Feria del libro de Madrid y es una magnífica ocasión para que quienes tienen niños pequeños les compren un buen puñado de cuentos infantiles y se los lean. Leyendo a sus hijos fortalecerán el vínculo con ellos, y los ratos que pasen juntos comentarán las historias y se conocerán mejor. El puente de la comunicación será la lectura, la imaginación mutua. Los niños confiarán en sus padres y los padres escucharán y admirarán a sus pequeños.

    Hace pocas semanas Bill Clinton me sorprendió en uno de los últimos programas del Show de David Letterman haciendo un llamamiento a todos los padres de... 

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    El Cotidiano