Irene Zoe Alameda

Mi padre. Serie FAMILIA. 1

Después de jubilarse, a mi padre le cambió el carácter, o tal vez solamente le afloraron rasgos que no le había conocido hasta entonces.

Se volvió “muy de aprovechar”. Por ejemplo, cuando íbamos paseando por el centro de la ciudad, si veía que se quedaba libre un buen hueco de aparcamiento se quedaba quieto, contemplando la plaza con aire melancólico, y se lamentaba:

“Lástima no tener un coche para poder aparcarlo aquí.”

Una vez le acompañé a la compra y le vi pararse a hacer cola en una tienda de especialidades italianas. Miraba fijamente a una oferta extravagante para un hombre de sus gustos, y tan parco y monótono como él:

“Pero”, le dije, “¿Vas a comprar mascarpone?”

“Es que está muy barato”, me contestó.

“Pero Papá… si no te gusta el queso.”

 

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