Irene Zoe Alameda

Blog

 

De: IRENE ZOE ALAMEDA

Asunto: Re: Cucurucha

Fecha: April 22, 2014 8:16:00 PM EDT

Para: MADRE

 

Hola Mamá:

 

Gracias por tu último email.

 

Al leer el título pensé que en vez de “cucurucha” me llamabas “cucaracha”.

 

Me hizo gracia porque, cuando era pequeña, como no llevaba la equipación de color rosa que exigía el reglamento del Conservatorio sino un maillot, unas mallas y unas zapatillas negras que encontraste en el Rastro, los profesores me llamaban “Cucaracha”.

 

Creo que unos padres de hoy se habrían querellado contra los profesores por acoso moral y marginación a una niña pobre de seis años; el caso habría captado la curiosidad de los medios de comunicación y éstos habrían destruido las vidas y las reputaciones de los trabajadores del Real Conservatorio de Danza, “privilegiados funcionarios todos” al fin y al cabo. Y los jueces, televisiva y democráticamente imbuidos por la turba, se habrían visto inclinados a condenar a los denunciados a unos cuantos meses de cárcel.

 

Pero en los años ochenta de mi niñez, aunque me molestaba un poco que me señalasen sobre el resto de mis compañeras, no me lo tomaba muy mal.

 

El caso es que me llamas “cucurucha”, que es una variante amable del apelativo del insecto.

 

Todo muy kafkiano y me gusta.

 

Tu hija

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar un hombre, una rubia y una lesbiana.

El hombre y la lesbiana parecen competir por captar la atención de la rubia, que halagada se deja adular.

“Entonces, ¿estás segura de que no quieres pasar las vacaciones en la casa de mi familia? Mira que le he hablado  a mi madre de mi compañera rubia de trabajo y está deseando conocerte.”

“¡Ay, mira que eres pesado, deja a la chica en paz! Todos los hombres sois iguales. ¿No ves que pasa de ti? ¡Es que os creéis irresistibles!”

La rubia asiente ante la intervención de la lesbiana y hace un mohín muy cuco; lleva, además, una blusa blanca semitransparente muy seductora que deja intuir el volumen abultado de sus pechos.

“Pues sí, estoy pensando en pasarme a tu bando porque en el mundo hetero tengo que aguantar a pelmas como este compañerito tan insistente…”

Y, mientras dice esto, le guiña un ojo al hombre para restar gravedad a sus palabras y dotarlas de un tono juguetón.

El hombre sonríe, pícaro.

La lesbiana no parece complacida.

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar una rubia, un hombre y una lesbiana.

La rubia reparte instrucciones a sus ayudantes:

“Habla con el productor del programa y dile que tiene que conseguirme una tarifa mejor, luego reúne toda la documentación que falta para el dossier de prensa, pero no hagas público que hemos llegado a un acuerdo ni hoy ni mañana: incluso si el productor te dice que sí, vamos a retrasar el anuncio para no dar la impresión de que soy fácil de fichar.”

El hombre, solícito, teclea sobre su tableta.

“Y tú: ciérrame la serie de entrevistas con el Canal 8 y recuerda que tienes que comprar nuestros billetes para el rodaje del vídeo, recuerda que llevo al perro en cabina, nada de meterlo en la bodega otra vez, que casi le da un infarto al pobre. ¡Ah! Retrasa sin falta la cita de la mesoterapia facial, que no puedo ir a la premiere con los pinchazos, que luego me los sacan en todas las revistas.”

La lesbiana apunta los avisos en su smartphone.

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar una rubia, una lesbiana y un hombre.

La rubia acaricia con cariño la mejilla de la lesbiana mientras mira con felicidad al hombre:

“Es maravilloso que se haya aprobado el matrimonio homosexual, a ver si tú también te enamoras. ¡Ay! No puedo creerme que vaya a ser una mujer casada. ¡Lo mismo conoces a tu media naranja en nuestra boda! ¡Estamos tan ilusionadas!”

La lesbiana mira a su prometida con devoción. La rodea con su brazo y la atrae hacia sí en un beso.

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar una lesbiana, una rubia y un hombre.

“Así que te has enamorado. De un hombre. ¿¿Así, de pronto, descubres que eres bisexual??? Eres la persona más superficial que existe el planeta. ¿Tanto echabas de menos las pollas?”

“Siempre tienes que pintar las cosas de la manera más cutre que puedes. Es lo que no aguanto de ti. ¿Sabes, acaso, lo que es el amor? Para ti las relaciones consisten en follar y en compartir un perro y un niño. ¿Me llamas a mí superficial? ¡A mí! ¡¡Precisamente tú!!”

El hombre no parece saber dónde meterse. Está muy incómodo pero se mantiene al lado de la rubia. La lesbiana lo mira con auténtica furia.

“Te mataría si no fuera porque no puedo permitirme ir a la cárcel y que esta hija de puta eduque a mi niño.”

“No metas al niño en esto.”

“No haberte metido en la cama con éste.”

“El niño se va a venir conmigo, quieras o no. Estará en un entorno más estable. Tú no puedes ocuparte del niño sola. Nosotros somos dos.”

La lesbiana no sabe qué decir y se tambalea hasta que se derrumba sobre una silla, y se pone a llorar desconsoladamente. Esconde la cabeza entre sus brazos, ovillándose sobre la mesa.

La pareja se mira y toma asiento enfrente de ella.

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar un hombre, una lesbiana y una rubia.

El hombre acoge la mano que la lesbiana le extiende en actitud de consuelo:

“Siento mucho que hayáis perdido al bebé. Menudo palo. Ya verás como pronto os quedáis embarazados otra vez y todo va bien.”

“No… no será tan fácil…” Masculla el hombre.

“¿Qué quieres decir?” Pregunta la lesbiana.

El hombre mira a la rubia en actitud de interrogación, como pidiéndole permiso. Él suspira:

“Me esterilicé hace más de diez años y mi vasectomía es irreversible. Entonces congelé esperma, pero con tantos intentos de fecundación in vitro como llevamos hechos, ésta era nuestra última posibilidad. Ya no queda esperma. Ya nunca tendremos hijos propios.”

La rubia llora desconsoladamente.

 

 

PERMUTACIÓN

 

Entran en un bar una lesbiana, un hombre y una rubia.

La lesbiana abre camino a la rubia, que se dirige con urgencia al cuarto de baño. El hombre se queda apostado en la barra.

De pronto, se oye un ruido al fondo del local. El hombre desenfunda su pistola y derriba la puerta de una patada.

Fuego cruzado. La lesbiana se acerca al hombre y cae desplomada. El reguero de su sangre se une a otro que se desliza, suave y lentamente, desde el baño hacia la calle.

El hombre corre hacia el cuerpo de la rubia:

“¡Mi mujer! ¡Ha matado a mi mujer!”

 

 

Mis padres, separados desde hace 23 años, celebraron su 40 aniversario con una comida en el Burger King de Condesa de Venadito. Quedaron en José del Hierro, pero para cuando mi madre llamó a mi padre porque no lo veía, él ya había llegado –saltándose lo acordado-, al Gorbarchov. Una vez se encontraron, decidieron que le tocaba invitar a él, porque mi madre había pagado las últimas copas con tapas que habían tomado en el bar de Hermanos de Pablo, así que ella lo acompañó de vuelta a Torrelaguna a coger la cartera, que mi padre había olvidado en casa.

Allí estaban mi hermana Ana Iris y Gonzalo, su novio, a quienes mi madre les contó que ese día, cuarenta años antes, se habían casado Fernando y ella. Ani le preguntó a mi madre que qué plan tenían entonces, y ella le dijo que lo iban a celebrar con un menú del Burger, y añadió que todo era un lío, que seguían sin entenderse, que incluso para quedar en José del Hierro se habían desencontrado, como siempre.

Y luego mis padres se fueron a comer. Gentilmente, mi padre acompañó a mi madre después a la parada del 70, en Arturo Soria.

- Gracias, Fernando, por acompañarme.

- Es que no todos los días se cumplen 40 años de boda.

 

Leaking,

Moisting from within,

inside out

Your being.

 

Drowning your sense of

Knowing

Submissively giving up

Your    self

Into the serum

of water.

 

El 5 de octubre de 2006, el diario EL PAÍS decidió vetar uno de los artículos que le hice llegar durante mi etapa como colaboradora: “el Mando (no el Mundo, sino el Mando) no tiene ganas de meterse más con Ciudadano Kaín. Considera que lo escrito por JLC el otro día es suficiente.”

Sólo han tenido que transcurrir siete años para que que el cese de PJR levante la censura sobre el texto.

 


Llevo varios días pensando que todo el que (h)ojee diaria o semanalmente los periódicos puede intuir que, para un megalómano, hoy resultaría más satisfactorio dirigir un medio de comunicación que los destinos de un país. Desde un punto de vista ingenuo, esta afirmación parecería extremada: ¿puede la gestión de la información llegar a ser un instrumento tan fuerte de dominio? Muchos se refieren a la prensa como El Cuarto Poder: su labor es la de mantener informada a la población para forzar a sus representantes -los políticos-, y a las instituciones a rendir cuentas sobre su gestión. Sin embargo, el gran dilema postmoderno es la asimetría entre los ritmos de producción y consumo de la información, y la verificación de la misma. Por consiguiente, en un futuro tan cercano que casi ya fuese el presente, podría llegar a ocurrir que un periódico crease y silenciase noticias con tanta rapidez, que nadie tendría tiempo de rebatir ninguna de sus calumnias. Esas calumnias, libres de sospecha bajo el serio formato de un periódico, pasarían por verdades. Si esto fuera así, algunos diarios ya no harían periodismo, sino que se embarcarían en la labor de suplantar a los tres poderes de todo Estado moderno.

Echaré mano de la ficción para analizar esta idea.

Si yo fuera una novelista que, en vez de hurgarse la imaginación, se nutriese estrictamente de la realidad, y quisiera escribir una obra de consumo masivo por sus contemporáneos, elegiría un personaje cuya trayectoria encarnase los dos movimientos más anhelados y más temidos por todos: el ascenso hasta la cúspide y la caída desde lo más alto.

Tras una minuciosa observación de la sociedad, sabría que ese personaje tendría que ser un astuto recopilador y transmisor de información que, por méritos propios, habría conseguido fundar un periódico. Dado que los periódicos se dirigen a un público interesado en primera instancia en los asuntos nacionales, el de mi protagonista aspiraría a más, y esa ambición, al menos nominalmente, debería verse reflejada en el nombre de su diario. Algo así como La Tierra, El Globo o…

¿El Mundo?

Habría que construir una trama que motivase las acciones megalómanas del protagonista. Una trama apasionante y con giros inesperados. La historia arrancaría en la cúspide de poder del héroe. Mediante un flash-back se contaría que en el pasado se había deshecho de los dos últimos presidentes del Gobierno; también que se había vengado de forma atroz, incombustible, de los que habían intentado hundir su carrera revelando ante todo el país sus íntimas prácticas de putero, coprófilo y travestido.

¿A qué podría aspirar un hombre como él, que lo ha logrado todo? A ser un auténtico Napoleón, un estratega capaz de planear y precipitar los acontecimientos de la realidad. Si los instrumentos del Estado de Derecho -su campo de experimentación- eran los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, él les disputaría su preeminencia a los tres.

Para empezar, el más fácil de dominar sería el Legislativo; al fin y al cabo, él dirigía un periódico, y si en algo estaba bien entrenado era en vender (en el sentido anglosajón de convencer) versiones de la realidad. Hasta los políticos habían comprendido que ninguna campaña publicitaria podía resultar tan efectiva como aparecer en la portada de su diario. Por eso, desataría inquietudes entre los mismos políticos y entre los ciudadanos, crearía la necesidad de reformas y leyes a su antojo, cuestionaría comisiones de investigación… De ese modo, forzaría a que los políticos, vendedores, asimismo, de programas y resultados electorales, se viesen obligados a satisfacer las demandas ciudadanas que él (y sólo él) había creado.

En lo referente al Poder Ejecutivo, se limitaría a aquiescer con la puesta en práctica de aquellas iniciativas que le fuesen útiles para sus fines, y disentir abiertamente, desde la tribuna de su extenso editorial, con todo lo que no le resultara ventajoso. Poseía un fino sentido de la ironía, el cual, puesto al servicio de sus razonamientos demagógicos, podía incitar a la resistencia activa o pasiva contra todas las políticas cuyo fracaso aumentasen indirectamente su poder oculto. Alentaría manifestaciones que ensalzasen o distorsionasen la imagen del Gobierno. El hecho de que el presidente de turno –su adversario sempiterno, fuese cual fuese su cara o partido- no lograse el beneplácito público después de un gran esfuerzo ejecutivo, le procuraba un poder infinito y secreto: porque era él, y no otro, el artífice de tal fracaso.

Por último, debería llevar a la práctica el desmantelamiento del Poder Judicial, lo que no era otra cosa que arrogarse a sí mismo la capacidad del juicio público. Para ello armaría un grupo de periodistas de investigación, que en sí constituían un CNI en la sombra, dispuestos a divulgar “confesiones” (o libelos) a la carta. Sus conclusiones, jamás basadas en pruebas concluyentes, como mucho en indicios, serían aceptadas sin cuestionamiento porque, al fin y al cabo, su reino era un periódico y no un juzgado. Incluso acusaría de prevaricación a todo juez que se atreviese a investigar áreas sobre las que su periódico ya hubiese emitido un veredicto.

En su mundo regirían sus normas, y sus súbditos serían los lectores.

Llegada a este punto, y antes de proyectar la caída del personaje desde lo más alto, mi proyecto narrativo se desmoronaría por inverosímil: tratando de escribir una historia realista, habría acabado construyendo una fábula increíble, porque ningún lector racional habría aceptado la premisa de que, en un futuro cercano, los ciudadanos de un país podrían llegar a desear leer mentiras, mucho menos a pagar por ellas. Sin lugar a dudas, la dirección de ningún periódico es susceptible de brindar tanto poder.

Además, me da la impresión de que el trasfondo de este relato es el calco de una obra maestra del cine antiguo cuyo título no recuerdo… Lo tengo en la punta de los dedos.

 

Como los perros escrupulosamente separados en razas en los primeros treinta siglos de la última civilización, los seres humanos de los siglos posteriores se fueron reagrupando conforme la melancolía contaminó de forma definitiva a la especie. Del mismo modo que los animales domésticos habían sido encerrados en líneas genéticas mediante la endogamia, proceso que permitía predeterminar sin margen de error la apariencia, el tipo de comportamiento y la longevidad de los sujetos, los animales humanos se reagruparon en colores, estaturas y temperamentos.

Todo el mestizaje de tiempos pasados quedó atrás. Y sin él, la falta de creatividad y la ausencia de progreso fagocitaron la vida.

-       Qué bien que te hayas venido a vivir a EE UU, ¡así podré ver crecer a tu hijito!

-       Tenía como objetivo trabajar aquí desde que te visité cuando estudiabas en Columbia, ¿te acuerdas de que me dejaste leer el manuscrito de tu primera novela?

-       Es verdad, la de páginas que han pasado desde entonces.

-       Has escrito tanto que ni siquiera recuerdo muy bien de qué iba; sí  que me impactó.

-       ¿Y ya tienes pensado cómo vas a llamar al bebé?

-       Pues me pasa una cosa muy rara: se me viene a la cabeza una y otra vez el nombre de “Teo”. Me hace ilusión imaginarme a mi hijo diciendo? “Soy Teo”, no sé por qué…


NOTA: El comienzo de Sueños itinerantes, mi primera novela, es éste:

Comienzo de Sueños itinerantes

“Ay, tienes muchas ojeras, sobrinita”

“No, querida tía: sólo tengo dos”.

 

Era el modo habitual de iniciar los reencuentros con mi tía Malena desde que cumplí los doce años, y ella consideró que yo ya era una adulta con la que desahogarse.

 

Otras veces me decía: “Tienes el pelo demasiado largo para una chica de veinte años” o, más adelante, “Vaya, ya te veo como mayor, ya eres una mujer mayor.”

 

Como era peluquera, mientras yo se lo permití ensayó sus cortes de pelo en mi cabeza. En una ocasión, la tarde en que yo iba a ser presentada a los amigos de mi novio, quiso arreglarme para que yo les causara mejor impresión y me cortó el flequillo a ras de raíz. Ninguno de los amigos felicitó a mi novio por haberse ligado a una chica tan guapa, aunque sí le dijeron que parecía una “persona especial”.

 

Cuando se empeñó en peinarme el día de mi boda, y me negué en redondo, la ruptura entre ambas se tornó inevitable.

 

MI MADRE

 

Me casé con un enano chiquitín ♫ ♩

pa’ jartarme de reír.

 

MI PADRE

 

Pero si tú y yo medimos lo mismo.

 

 

-        Pero, ¡¿cómo no te voy a querer, si eres mi hija?!

-        Claro, mamá, yo también te quiero: siempre has sido como una madre para mí.